Deja que se pregunten
Hoy, me presento para hablar.
No para decir lo que está bien o mal. Que conste que no quiero filosofear, ni argumentar científicamente el por qué de mi literatura barata.
Y lo que me propongo, amigo mío, es abrirte los ojos hacia el mundo en el que nadie sabe que vive.
Porque deberían enseñarnos a vivir ante todo.
Nunca he entendido para que sirven todos esos códigos morales que nos dan para aplicar a tu día a día. ¿Verdaderamente alguien disfruta de esto? ¿Entendéis lo que es un día a día?
Hoy, aquí, sentada de piernas cruzadas, con los pensamientos entre recuerdos, nostalgia y noticias policiales, voy a darte a conocer los detalles.
Simplemente pretendo que cada día, abra los ojos, sonría, y se enciendan mis mejillas.
Y así, disfrutar de cada una de estas gotas de vida.
Porque me encanta sentir la lluvia resbalando por mi cara, hasta que llega a mis labios y abandona en ellos ese regusto a vitalidad.
Me gusta sentir que hoy puedo con todo y más, y saber que mañana caeré en esa supuesta desgracia que quiero acarrear todos los días que me quedan.
Sentir mis pies, descalzos, sobre la arena que te hunde en una tímida sonrisa que busca ese recuerdo de julio tumbados ante las estrellas.
Preguntarme si un jodido martes me va a arruinar las ganas que tengo por liberarme de la rutina diaria, y darme cuenta de que no sería nada sin el segundo día de la semana.
Suponer, y afirmar, y luego volver a rectificar, entre lágrimas adolescentes la promesa del futuro que te has alegrado de no volver a recomponer.
Dejar que en tu silencio suenen mis canciones, con notas de ironía, reiteración y ansia de olvido, entre una música envenenada con nombre de gran pintor.
Y poder recalcarte de 'inolvidable' con esa picaría que nos caracteriza, medio fingiendo iluminación en mis ojos al pensar que puede que pensaras lo mismo.
Me emociona saber que crezco, conmigo misma, sintiendo mis avances y frustraciones, sabiendo que, por encima todo, hago las cosas a mi manera, y que tengo certeza de ello.
Porque estoy viajando por todos y cada uno de los caminos.
Y sé, hoy más que nunca, que mi vida no es eterna y que tengo que aprovecharla cada día como si mañana fuera a terminarse.
Porque, si no sé si mañana existirá, no quiero un futuro prometedor, y no quiero falsas ilusiones, y me niego a anclarme en promesas ajenas, matad a la duda que me empapa todos los días
¿qué mas dará todo, si cada día estamos un día más cerca del fin?
Carpe diem
